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The Professor

Arthur Bennett was walking slowly through the university hallways, lost in thought, when a voice stopped him.

"Arthur? Are you alright?"

It was Rose, a young professor from the faculty.

"I actually wanted to talk to you. I want to ask you about this new model you're using with the professors."

Rose looked at him in surprise. Arthur had been teaching for over forty years and was one of the most respected professors in the faculty.

"But you've been teaching your whole life..."

"Yes," Arthur replied. "That's precisely why."

They sat down in the cafeteria. Arthur stirred his coffee slowly before speaking.

"I just got out of class... I don't know how to reach them."

Rose raised her eyebrows slightly.

"I know my subject. I know what I want to explain to them. But I don't know what to say to make them want to listen."

"

From the book You're Right, by Philippe Centell

Mira otras posibilidades

Una persona experta en su materia se da cuenta de que algo que antes funcionaba ya no funciona igual.

¿Qué podría estar pasando?

1. Han cambiado los alumnos

Es posible.

Las personas cambian. También sus expectativas, sus hábitos y la forma en la que se relacionan con la información.

Si miramos la situación desde los alumnos, quizá la pregunta no sea por qué ya no escuchan como antes, sino qué necesitan ahora para querer implicarse.

2. Ha cambiado la forma de aprender

También podría ser.

Hoy podemos acceder a información, explicaciones y contenidos de formas que hace unos años ni siquiera existían.

Quizá el conocimiento del experto siga teniendo el mismo valor, pero haya cambiado la manera en la que las personas se relacionan con ese conocimiento.

3. La forma de hacer las cosas ya no funciona

El objetivo sigue siendo válido. El conocimiento también. Incluso la persona puede seguir siendo excelente en lo que hace.

Quizá lo que haya dejado de funcionar sea simplemente la forma de conseguirlo.

4. Quizá el problema no esté donde parece

Sabemos que algo ha dejado de funcionar y estamos intentando descubrir qué deberíamos cambiar.

Pero quizá estemos dando algo por supuesto.

Arthur se pregunta:

«¿Qué tengo que decirles para que quieran escucharme?»

Mirada 1

LAS PERSONAS

Cuando algo que antes funcionaba deja de hacerlo, una posibilidad es mirar a las personas implicadas.

No para buscar culpables, sino para preguntarnos si sus necesidades, expectativas o formas de relacionarse con la situación han cambiado.

En este caso, podemos dejar por un momento al profesor a un lado y mirar la clase desde los alumnos.

¿Qué podrían necesitar ahora que antes no necesitaban?

Curiosidad

Quizá no necesiten que Arthur explique mejor, sino encontrar una razón para querer saber.

Participación

Quizá los alumnos no necesiten solamente escuchar de otra manera. Quizá necesiten formar parte de lo que está ocurriendo.

Sentido

Quizá el problema no sea que los alumnos no quieran aprender. Quizá necesiten entender qué tiene que ver lo que aprenden con ellos.

Autonomía

Quizá una parte del desinterés aparezca porque los alumnos sienten que todo está decidido antes de que ellos lleguen.

Mirada 2

EL CONTEXTO

Cuando algo que antes funcionaba deja de hacerlo, quizá no hayan cambiado las personas, sino el contexto en el que ocurre.

El entorno, las circunstancias o incluso el momento pueden hacer que una misma forma de enseñar produzca resultados diferentes.

En este caso, podemos dejar por un momento a Arthur y a sus alumnos a un lado y mirar qué hay alrededor de esa clase.

¿Qué podría haber cambiado sin que nadie se haya dado cuenta?

El momento

Quizá Arthur esté haciendo lo mismo de siempre, pero sus clases ya no ocurren en el mismo momento.

El entorno

Lo que ocurre dentro de una clase también puede estar condicionado por todo lo que sucede fuera de ella.

Las reglas

Quizá el problema no esté en Arthur ni en los alumnos, sino en las condiciones bajo las que ambos tienen que funcionar.

La atención

La clase de Arthur no compite solamente con otras clases. Compite con todo lo que reclama la atención de sus alumnos.

Mirada 3

EL MÉTODO

Cuando algo deja de funcionar, quizá las personas sigan siendo las adecuadas y el contexto no sea el problema.

A veces lo que necesita cambiar es simplemente la manera en que estamos intentando conseguir el resultado.

En este caso, podemos dejar por un momento a Arthur, a sus alumnos y lo que ocurre alrededor para observar cómo está enseñando.

¿Qué podría ocurrir si cambiara la forma de hacerlo?

El orden

Arthur suele explicar primero y dejar que los alumnos trabajen después. Pero quizá las mismas piezas produzcan algo diferente si aparecen en otro orden.

El formato

Una explicación no tiene por qué dejar de ser buena para que otra forma de trabajar el mismo contenido abra posibilidades diferentes.

Los roles

Arthur enseña y los alumnos aprenden. Parece evidente. Pero quizá algo cambie si, durante algunos momentos, dejan de ocupar siempre el mismo lugar.

Probar y ajustar

Quizá Arthur no necesite encontrar una nueva forma de enseñar antes de cambiar nada. Podría probar pequeños cambios, observar qué ocurre y aprender también de lo que no funciona.

Mirada 4

EL MARCO

Cuando una situación lleva tiempo funcionando de una determinada manera, algunas ideas pueden acabar pareciendo evidentes.

Qué intentamos conseguir, qué creemos que no puede cambiar, cómo decidimos si algo funciona o qué damos por cierto pueden formar parte de un marco que rara vez cuestionamos.

En este caso, podemos dejar por un momento la clase tal como es y observar algunas de las ideas que la sostienen.

¿Qué podría cambiar si cuestionáramos el marco desde el que estamos mirando?

El objetivo

Arthur quiere enseñar su materia y que sus alumnos aprendan. Parece evidente. Pero incluso un objetivo aparentemente claro puede contener formas muy diferentes de entender qué queremos conseguir.

Los límites

Horarios, temario, exámenes, recursos, normas, el espacio disponible... Toda situación tiene límites. Pero algunos son inevitables y otros pueden haberse convertido en límites simplemente porque nunca hemos intentado moverlos.

La medida

Arthur puede explicar una buena clase y, aun así, no saber exactamente qué ha ocurrido en sus alumnos. Las notas, la atención o haber completado el temario ofrecen información, pero quizá no sean las únicas formas de saber si algo está funcionando.

Los supuestos

Toda forma de enseñar parte de algunas ideas que parecen tan evidentes que rara vez necesitan ser formuladas. Qué significa aprender, cuál es el papel del profesor, qué necesita un alumno o cómo debería funcionar una clase pueden contener supuestos que nunca hemos puesto a prueba.

Explora las posibilidades

¿Què podría despertar la curiosidad?

Un problema que resolver

La curiosidad puede aparecer cuando hay algo que todavía no tiene respuesta.

En lugar de empezar explicando lo que sabe, Arthur podría plantear un problema relacionado con la materia y dejar que los alumnos intentaran resolverlo antes de darles las herramientas necesarias.

La explicación ya no sería el punto de partida. Aparecería cuando hiciera falta.

Una pregunta inesperada

A veces basta una pregunta que rompa lo que damos por supuesto.

Arthur podría empezar la clase con una pregunta que no parezca tener una respuesta evidente —o cuya respuesta intuitiva resulte ser equivocada— y dejar que los alumnos tomen posición antes de explicar nada.

Ya no estarían esperando una respuesta. Estarían queriendo saber si la suya se sostiene.

Algo que les afecte

La curiosidad también puede aparecer cuando lo que aprendemos tiene algo que ver con nosotros.

Arthur podría empezar conectando la materia con una situación que los alumnos reconozcan, algo que forme parte de su mundo o que pueda tener consecuencias para ellos.

El contenido sería el mismo. Lo que cambiaría sería la distancia desde la que lo miran.

Un reto

Un reto puede convertir el aprendizaje en algo que queremos conseguir.

Arthur podría proponer algo que los alumnos todavía no sepan hacer y dejar que prueben antes de explicarles cómo hacerlo.

Entonces, aprender dejaría de ser el objetivo que propone el profesor. Se convertiría en una herramienta para superar el reto.


¿Cómo podrían participar de otra manera?

Haciendo las preguntas

Participar también puede significar decidir qué merece la pena preguntar.

En lugar de empezar dando respuestas, Arthur podría presentar el tema y dejar que fueran los alumnos quienes plantearan las preguntas que les gustaría poder responder al terminar la clase.

El contenido seguiría estando ahí, pero el recorrido empezaría con algo que ellos quieren descubrir.

Tomando decisiones

La participación aumenta cuando nuestras decisiones tienen consecuencias sobre lo que ocurre.

Arthur podría dejar que los alumnos escogieran entre distintos caminos: qué aspecto explorar primero, cómo abordar un problema o incluso qué parte de la materia quieren investigar con mayor profundidad.

Ya no estarían siguiendo únicamente el recorrido de Arthur. También estarían construyendo el suyo.

Explicando su visión a los demás

Una forma de participar es dejar de ser, por un momento, quien recibe la explicación.

Arthur podría pedir a los alumnos que prepararan una parte del tema, resolvieran una cuestión y después intentaran explicársela a los demás.

Para poder enseñar algo tendrían que hacer algo distinto a escucharlo: tendrían que hacerlo suyo.

Construyendo juntos

Participar también puede significar que no todo esté decidido antes de empezar.

Arthur podría plantear un objetivo y dejar que parte de la clase se construyera entre todos: qué necesitan averiguar, cómo organizarse, qué recursos utilizar o cómo comprobar lo que han aprendido.

Arthur seguiría aportando su conocimiento, pero la clase dejaría de ser únicamente suya. Sería algo que ocurre entre todos.


¿Dónde podrían encontrar ese sentido?

La utilidad del conocimiento

Arthur sabe por qué aquello forma parte de la asignatura, pero eso no significa que sus alumnos lo sepan.

Antes de explicar un nuevo contenido, podría plantear una situación en la que ese conocimiento resulte necesario y dejar que sean ellos quienes descubran qué les falta para poder resolverla.

La materia dejaría de ser algo que deben aprender para convertirse en algo que necesitan comprender.

Algo que tenga que ver con ellos

No todo necesita tener una utilidad inmediata para tener sentido.

Arthur podría buscar qué relación existe entre aquello que enseña y cosas que sus alumnos ya conocen, viven, utilizan o les preocupan.

Quizá el contenido no haya cambiado. Lo que cambia es la distancia entre el contenido y ellos.

Saber por qué

A veces el sentido no está en el contenido, sino en comprender por qué merece la pena dedicarle tiempo.

Arthur podría explicar qué pregunta intenta responder aquello que están estudiando, de dónde surgió o qué problema llevó a alguien a descubrirlo.

En lugar de empezar por la respuesta, podría empezar por la razón por la que alguien necesitó encontrarla.

Que cada uno encuentre el suyo

Quizá Arthur no tenga que encontrar un sentido que funcione para todos.

Podría ofrecer diferentes caminos y preguntar a sus alumnos qué les despierta interés, qué relación encuentran con otras cosas o qué les gustaría comprender mejor.

El sentido dejaría de ser algo que Arthur debe proporcionar y podría convertirse en algo que cada alumno empieza a construir.


¿Qué podrían los alumnos decidir por sí mismos?

Elegir el camino

Arthur podría plantear un mismo objetivo y ofrecer diferentes formas de llegar hasta él.

Unos alumnos podrían investigar, otros experimentar, buscar ejemplos o trabajar a partir de una situación concreta.

El destino seguiría formando parte de la clase, pero el camino no tendría por qué ser el mismo para todos.

Pequeñas tomas de decisiones

No hace falta transformar toda la clase para introducir autonomía.

Arthur podría dejar algunas decisiones en manos de los alumnos: por dónde empezar, cuánto tiempo dedicar a una parte, con quién trabajar o qué aspecto explorar primero.

Pequeñas decisiones podrían cambiar algo importante: dejar de limitarse a seguir para empezar a elegir.

Proponer alternativas

Arthur podría permitir que los alumnos no solo eligieran entre las opciones que él propone, sino que pudieran plantear las suyas.

Quizá alguno encuentre una manera de abordar el tema que Arthur no había previsto. No todas las propuestas tendrán que funcionar, pero incluso descubrir por qué una idea no funciona puede formar parte del aprendizaje.

La autonomía también puede consistir en tener espacio para proponer.

Decidir hasta dónde llegar

No todos los alumnos tienen que sentir la misma curiosidad por las mismas cosas.

Arthur podría establecer una base común y, a partir de ahí, permitir que cada uno decidiera qué quiere explorar con mayor profundidad.

Algunos se quedarían en lo esencial. Otros quizá llegarían mucho más lejos de lo previsto.

La clase dejaría de marcar únicamente hasta dónde deben llegar y empezaría también a permitirles descubrir hasta dónde quieren llegar.


¿Qué podría haber cambiado con el tiempo?

Otros tiempos, otras expectativas

Arthur lleva años enseñando de una manera que ha funcionado. Pero sus alumnos no han crecido en el mismo mundo que los de hace unos años.

Podría preguntarse qué esperan ahora de una clase, cómo están acostumbrados a aprender o qué consideran una experiencia interesante.

Quizá su forma de enseñar no haya empeorado. Simplemente está llegando a alumnos de otro momento.

El momento del día

La misma clase puede producir resultados muy diferentes a las nueve de la mañana que después de varias horas de actividad.

Arthur podría observar cuándo aparecen el cansancio, la dispersión o la participación y comprobar si existe algún patrón.

Quizá una parte del problema que parece pedagógico tenga que ver simplemente con cuándo está ocurriendo.

El momento del curso

No es lo mismo empezar una asignatura que encontrarse a mitad de curso, acercarse a los exámenes o acumular semanas de trabajo.

Arthur podría observar si el interés cambia según el momento y preguntarse qué está ocurriendo alrededor de ese cambio.

Quizá no necesite modificar toda su forma de enseñar, sino adaptarla a diferentes momentos del recorrido.

Algo ha cambiado

A veces no hace falta saber de antemano qué ha cambiado.

Arthur podría comparar cuándo sus clases funcionaban con lo que ocurre ahora: los alumnos, los horarios, las herramientas, las exigencias, el entorno...

La pregunta dejaría de ser solamente «¿qué estoy haciendo mal?» para convertirse en «¿qué es diferente ahora?»


¿Qué podría estar influyendo desde fuera?

Lo que ocurre fuera del aula

Los alumnos no llegan a clase dejando el resto de su vida en la puerta.

Arthur podría preguntarse qué está ocurriendo fuera: presión académica, problemas personales, otras asignaturas, incertidumbre o simplemente demasiadas cosas reclamando energía al mismo tiempo.

Quizá parte de lo que Arthur interpreta como desinterés haya empezado en otro lugar.

El espacio

La forma en que está organizada una clase también comunica cómo se espera que se comporten quienes están dentro.

Arthur podría probar qué ocurre cambiando la disposición del aula, acercando a los alumnos, creando grupos o utilizando otros espacios.

Quizá cambiar dónde sucede la clase permita también cambiar lo que puede suceder dentro de ella.

El grupo

Una clase no es solamente un conjunto de alumnos. También es un grupo con su propia dinámica.

Arthur podría observar quién habla, quién calla, qué comportamientos se contagian o qué ocurre cuando cambia la composición de los grupos.

Tal vez algunos alumnos no estén respondiendo únicamente a la materia, sino también a lo que ocurre entre ellos.

Otros lugares para aprender

Quizá el aula no tenga que ser siempre el centro de la experiencia.

Arthur podría buscar lugares, personas o situaciones fuera de ella donde aquello que enseña ya esté ocurriendo de alguna manera.

Salir del contexto habitual podría permitir que los alumnos encontraran algo que dentro del aula no podían ver.


¿Qué cambiaría si alguna de esas condiciones fuera diferente?

El tiempo disponible

Quizá Arthur esté intentando conseguir algo que el propio formato de la clase dificulta.

Una duración fija, contenidos que deben completarse y horarios rígidos pueden condicionar mucho más de lo que parece.

Arthur podría preguntarse qué haría diferente si pudiera reorganizar el tiempo, aunque solo fuera parcialmente.

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Lo que hay que enseñar

Arthur no decide todo lo que ocurre en su asignatura. Existe un programa, unos objetivos y contenidos que deben cubrirse.

Pero podría distinguir entre qué tiene que enseñar y cómo tiene que enseñarlo.

Quizá haya mucha más libertad dentro de las reglas de la que parecía existir al principio.

La evaluación

Si al final todo termina convirtiéndose en una nota, los alumnos pueden empezar a interpretar cada actividad desde esa lógica.

Arthur podría observar qué cambia cuando algo no cuenta para el examen, cuando se permite equivocarse o cuando se valora también el proceso.

Quizá una parte de la relación con el aprendizaje esté siendo determinada por la forma en que se mide.

Las reglas que nadie ha escrito

En toda clase aparecen reglas que nadie recuerda haber establecido: quién pregunta, cuándo se puede hablar, qué significa hacerlo bien o qué espera el profesor de un buen alumno.

Arthur podría hacer visibles algunas de esas reglas y preguntarse con sus alumnos si siguen teniendo sentido.

A veces una situación cambia no al crear nuevas reglas, sino al descubrir las que ya estaban funcionando sin que nadie las cuestionara.


¿Con qué está compitiendo realmente la clase?

Un mundo lleno de estímulos

La explicación de Arthur convive con mensajes, vídeos, música, conversaciones y contenidos diseñados específicamente para captar atención.

Intentar competir haciendo la clase todavía más estimulante puede no ser la única respuesta.

Arthur podría preguntarse qué puede ofrecer una clase que todos esos estímulos no ofrecen.

Demasiadas cosas a la vez

Quizá el problema no sea que los alumnos no quieran prestar atención, sino que su atención ya está ocupada.

Exámenes, trabajos, otras asignaturas y preocupaciones personales pueden competir simultáneamente por un recurso limitado.

Arthur podría reducir durante algunos momentos lo que exige de ellos y observar qué ocurre cuando solo hay una cosa a la que atender.

Recuperar la atención

Perder la atención no tiene por qué significar perder la clase.

Arthur podría diseñar momentos en los que algo cambie: una pregunta, una pausa, una decisión, una actividad breve o simplemente unos segundos para volver a situarse.

En lugar de exigir atención constante, podría trabajar también con la capacidad de recuperarla.

No competir

Quizá Arthur no tenga que ganar una batalla contra aquello que interesa a sus alumnos.

Podría observar qué contenidos, formatos o actividades captan espontáneamente su atención e intentar comprender qué encuentran allí.

No necesariamente para imitarlos, sino para descubrir algo sobre la atención que después pueda trasladar a su propia forma de enseñar.


¿Qué pasaría si cambiara por dónde empieza?

Empezar por la pregunta

Arthur suele explicar primero para que sus alumnos tengan los conocimientos necesarios antes de enfrentarse a un problema.

Podría invertir el orden: plantear primero una pregunta que todavía no saben responder y dejar que aparezca la necesidad de comprender.

La explicación llegaría después, cuando ya existe algo que quieren resolver.

Primero la experiencia

Quizá algunos conceptos resulten difíciles de comprender porque Arthur intenta explicarlos antes de que los alumnos hayan podido experimentarlos.

Podría empezar con una situación, una demostración o un pequeño experimento y poner las palabras después de la experiencia.

La teoría dejaría de anticipar lo que va a ocurrir para ayudar a comprender algo que ya ha ocurrido.

Empezar por el final

Arthur podría mostrar el resultado antes de explicar cómo se llega hasta él.

Una conclusión sorprendente, un problema resuelto o incluso una respuesta aparentemente imposible podrían convertirse en el punto de partida.

En lugar de avanzar hacia la respuesta, los alumnos tendrían que preguntarse:

¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

Dejar algo para después

Quizá Arthur no necesite explicar cada cosa en el momento en que aparece.

Podría dejar deliberadamente alguna pregunta abierta, continuar la clase y recuperarla más adelante, cuando los alumnos dispongan de nuevas piezas para interpretarla.

A veces cambiar el orden también significa aceptar que no todo necesita resolverse inmediatamente.


¿De cuántas maneras podría ocurrir la misma clase?

Convertirlo en una conversación

Arthur podría mantener los mismos contenidos, pero dejar de presentarlos únicamente como una explicación.

Podría plantear preguntas, recoger respuestas, confrontar interpretaciones y construir parte de la explicación a partir de lo que aparece en la conversación.

Quizá algunos alumnos conecten mejor con una idea cuando pueden dialogar con ella antes de recibirla completamente elaborada.

Trabajar con un caso

En lugar de presentar primero los conceptos de manera abstracta, Arthur podría convertir parte de la clase en un caso que los alumnos tengan que comprender.

Una situación real, ficticia o incluso aparentemente absurda puede contener los mismos conocimientos que quería explicar.

La materia seguiría siendo la misma, pero ahora habría algo concreto sobre lo que pensar.

Convertirlo en un proyecto

Algunos contenidos podrían dejar de aparecer como temas separados y convertirse en piezas necesarias para conseguir algo.

Arthur podría proponer un pequeño proyecto que obligara a buscar información, aplicar conceptos y resolver dificultades a medida que aparecen.

Los alumnos ya no aprenderían solamente para comprender la materia, sino también para poder hacer algo con ella.

Contarlo como una historia

Quizá una parte de lo que Arthur explica pueda adoptar una estructura narrativa.

Un descubrimiento, un conflicto, un error, una persona que intentó resolver un problema o incluso la historia de cómo apareció determinado conocimiento pueden convertirse en el hilo conductor.

Los conceptos no desaparecerían.

Simplemente dejarían de presentarse como información aislada para convertirse en algo que sucede.


¿Qué ocurriría si cambiaran los roles?

Los alumnos explican

Arthur podría pedir a algunos alumnos que intentaran explicar un concepto al resto de la clase.

Prepararlo les obligaría a ordenar lo que han entendido, detectar lo que todavía no comprenden y buscar una manera de hacerlo comprensible para otros.

Quizá enseñar algo sea también una manera de aprenderlo.

Arthur observa

No siempre tiene que estar en el centro de lo que ocurre.

Arthur podría plantear una actividad y, durante un tiempo, dejar de dirigir para observar cómo trabajan, qué dificultades aparecen, quién ayuda a quién o dónde se detiene el proceso.

Cambiar su papel podría permitirle descubrir cosas que mientras enseña son difíciles de ver.

Expertos por un momento

Quizá los alumnos no tengan que ocupar siempre el lugar de quienes saben menos.

Arthur podría asignarles temas, preguntas o pequeñas áreas para que durante una parte de la clase se conviertan en la persona de referencia para los demás.

Pasar de recibir conocimiento a tener que responder por él puede cambiar la relación con lo que están aprendiendo.

Aprender entre ellos

Arthur no tiene por qué ser siempre el puente entre un alumno y el conocimiento.

Podría crear situaciones en las que sean los propios alumnos quienes se expliquen, se pregunten, se corrijan o se ayuden a comprender.

Quizá parte del aprendizaje que Arthur intenta provocar desde delante pueda aparecer también entre ellos.


¿Qué podría descubrir si tratara la clase como un experimento?

Cambiar una sola cosa

Arthur podría evitar transformar toda la clase de golpe.

Podría elegir un único elemento, modificarlo durante unos días y observar qué ocurre.

Cambiar menos cosas a la vez quizá le permita entender mejor qué está produciendo realmente una diferencia.

Preguntar después

Después de probar algo diferente, Arthur podría preguntar a sus alumnos qué han experimentado.

No solamente si les ha gustado, sino qué les ha ayudado, qué les ha dificultado aprender o qué cambiarían.

Quizá parte de la información que necesita para ajustar su método ya esté dentro del aula.

Observar lo inesperado

Arthur puede empezar una prueba esperando que ocurra una cosa y descubrir otra completamente diferente.

En lugar de valorar únicamente si el experimento ha funcionado, podría observar qué ha ocurrido que no esperaba.

A veces un intento que aparentemente falla contiene información más útil que uno que sale exactamente como estaba previsto.

Quedarse con lo que funciona

Probar algo nuevo no significa tener que abandonar todo lo anterior.

Arthur podría incorporar pequeños cambios, conservar los que aportan algo y descartar los que no.

Con el tiempo, su manera de enseñar podría dejar de ser un método que debe sustituir por otro para convertirse en un método que evoluciona con la experiencia.


¿Qué cambiaría si mirara de nuevo el objetivo?

Recordar o comprender

Arthur podría preguntarse qué espera que quede cuando sus alumnos salgan del aula.

Quizá conocer los contenidos sea importante, pero podría distinguir entre recordar una información y haber comprendido algo que permite utilizarla.

Cambiar esa diferencia en el objetivo podría cambiar también muchas de las decisiones que toma durante la clase.

Aprender a pensar

Quizá el objetivo no sea solamente que los alumnos comprendan lo que Arthur ya sabe.

También podría ser que aprendieran a formular preguntas, relacionar ideas, detectar contradicciones o construir sus propias conclusiones.

La materia seguiría siendo importante, pero se convertiría también en un lugar donde aprender a pensar.

Poder utilizarlo

Arthur podría preguntarse qué serían capaces de hacer sus alumnos con aquello que están aprendiendo.

Explicar un concepto, aplicarlo a una situación diferente, reconocerlo fuera del aula o utilizarlo para resolver un problema podrían formar parte del objetivo.

Quizá aprender algo signifique también poder hacer algo nuevo con ello.

Que siga después de la clase

Tal vez una parte del objetivo pueda estar más allá del examen o del final del curso.

Arthur podría preguntarse si quiere que sus alumnos recuerden aquella materia o si espera que algo de lo aprendido continúe acompañándolos cuando ya no estén en su aula.

Una pregunta, una manera de observar, una curiosidad o una herramienta para comprender podrían durar mucho más que una respuesta correcta.


¿Qué límites son realmente límites?

Lo obligatorio y lo habitual

Arthur trabaja dentro de un programa, unos horarios y unas normas que no puede simplemente ignorar.

Pero podría preguntarse qué cosas son realmente obligatorias y cuáles se hacen de una determinada manera porque siempre se han hecho así.

Quizá algunas restricciones pertenezcan al sistema y otras solamente a la costumbre.

Mover dentro del límite

Un límite no siempre tiene que desaparecer para que aparezcan nuevas posibilidades.

Arthur quizá no pueda cambiar la duración de una clase, el temario o la fecha de un examen, pero sí podría explorar cuánto margen existe dentro de esas condiciones.

A veces no necesitamos eliminar una frontera. Basta con descubrir cuánto espacio hay antes de llegar a ella.

Negociar el límite

Algunas condiciones que Arthur considera fijas quizá dependan también de otras personas.

Compañeros, alumnos, responsables académicos o incluso otros departamentos podrían tener capacidad para modificar una parte de ellas.

Antes de aceptar un límite, podría preguntarse quién lo establece y con quién podría hablar sobre él.

Utilizar el límite

Quizá alguna restricción no tenga que ser solamente un problema.

Un tiempo reducido puede obligar a priorizar. Pocos recursos pueden favorecer soluciones más simples. Un formato determinado puede estimular maneras diferentes de trabajar.

Arthur podría preguntarse si alguno de sus límites puede convertirse también en una condición desde la que crear.


¿Qué otras señales podrían indicar que está funcionando?

Lo que pueden explicar

Arthur podría observar qué ocurre cuando son los alumnos quienes tienen que explicar lo aprendido.

No se trataría solamente de repetir una definición, sino de reconstruir una idea con sus propias palabras, relacionarla o responder a una pregunta sobre ella.

Quizá comprender se haga más visible cuando alguien intenta hacer comprensible algo para otro.

Las preguntas que aparecen

Normalmente una respuesta correcta parece una señal clara de aprendizaje.

Pero Arthur podría prestar atención también a la calidad de las preguntas que empiezan a formular sus alumnos.

Una pregunta más precisa, más profunda o que conecta ideas puede indicar que algo está cambiando, incluso cuando todavía no tienen la respuesta.

Lo que hacen fuera del ejemplo

Arthur podría comprobar qué ocurre cuando cambia la situación.

Si un alumno reconoce un concepto en un caso diferente, lo relaciona con otra materia o lo utiliza ante un problema que nunca había visto, quizá esté mostrando algo que un examen convencional no siempre revela.

Transferir lo aprendido también puede ser una medida de comprensión.

Lo que cambia con el tiempo

No todo aprendizaje tiene por qué hacerse visible inmediatamente.

Arthur podría observar qué recuerdan sus alumnos semanas después, qué ideas continúan utilizando o si alguna forma de pensar aprendida en clase reaparece más adelante.

Quizá una parte del éxito no esté en lo que pueden demostrar hoy, sino en lo que permanece cuando ya ha pasado el momento de demostrarlo.


¿Qué estamos dando por hecho?

Que enseñar produce aprendizaje

Arthur prepara sus clases, explica los contenidos y procura hacerlo de la mejor manera posible.

Pero quizá esté dando por hecho que enseñar algo y que alguien lo aprenda forman parte del mismo proceso.

Podría preguntarse qué ocurre entre una cosa y la otra, y qué necesita suceder para que aquello que él enseña llegue realmente a convertirse en aprendizaje.

Que todos necesitan lo mismo

Una clase comparte profesor, contenidos, horarios y objetivos.

Eso puede hacer parecer natural que todos los alumnos necesiten aproximadamente las mismas condiciones para aprender.

Pero quizá compartir una clase no significa aprender de la misma manera.

Arthur podría preguntarse cuánto de su modelo depende de imaginar un alumno que, en realidad, no existe.

Que el profesor debe tener la respuesta

Arthur sabe más sobre su materia que sus alumnos. Precisamente por eso está allí.

Pero saber más no significa necesariamente que su función sea tener siempre la respuesta que los demás necesitan.

A veces podría enseñar explicando. Otras, preguntando, orientando una búsqueda o incluso reconociendo que todavía no sabe algo.

Quizá su conocimiento siga siendo fundamental aunque cambie su relación con la respuesta.

Que el problema está en la clase

Arthur comenzó intentando comprender por qué sus alumnos habían dejado de responder como antes.

Después de mirar a las personas, el contexto, el método y el marco, podría hacerse una última pregunta:

¿Y si aquello que llamamos “el problema” fuera solamente una forma de describir lo que está ocurriendo?

Quizá no haya una única cosa que corregir, sino una situación que puede entenderse de maneras diferentes según desde dónde se observe.


Conclusiones

Una situación. Muchas formas de mirarla.

Arthur empezó con una pregunta aparentemente sencilla: ¿por qué mis alumnos ya no responden como antes?

La situación no ha cambiado durante este recorrido. Los alumnos son los mismos, Arthur sigue siendo el mismo y la clase continúa siendo la misma.

Lo que ha cambiado es desde dónde podemos observarla.

Cada nueva perspectiva ha abierto preguntas diferentes. Y cada pregunta ha permitido descubrir posibilidades que difícilmente habrían aparecido intentando responder directamente a la pregunta inicial.

No significa que todas sean útiles, ni que Arthur tenga que aplicar ninguna de ellas.

Significa algo mucho más sencillo: ahora puede ver más posibilidades.

Esta exploración no parte de cero

Las perspectivas y posibilidades de este E-Shift han sido generadas explorando la situación desde distintos lugares y contrastadas con conocimiento e investigación existentes sobre enseñanza y aprendizaje.

En este caso hemos consultado, entre otras, fuentes de OECD, UNESCO y Education Endowment Foundation (EEF)sobre prácticas docentes, entornos de aprendizaje, metacognición, feedback y aprendizaje colaborativo.

No para encontrar una respuesta correcta, sino para ampliar las perspectivas desde las que observar la situación.

Prueba con tu propia historia

Haz un Shift

Un Shift no comienza con una respuesta.
Empieza con algo que quieres mirar de otra forma.

Puede ser una decisión, una conversación, un problema que se repite, una idea que no acaba de encajar o simplemente algo que quieres comprender mejor.

Cuéntanos qué quieres mirar.

Durante un tiempo limitado, estamos invitando a algunas personas a ser de las primeras en probar una experiencia completa de Shift Thinking.